Aotearoa, Nueva Zelanda, isla sur.
Marzo de 2017
El Parque Nacional Abel Tasman, puede conocerse por un sendero litoral que recorre varias de sus playas. Para desplazarse a distintas ubicaciones del parque hay un servicio de taxis acuáticos, que se toman en tierra sobre un remolque, que después un tractor llevará al agua.
Hacia el sur, por la carretera litoral del oeste, las Pancake Rocks, formaciones geológicas en distintas capas horizontales, de ahí su nombre por la semejanza con grandes pilas de crepes.
Desde la cordillera de los Alpes Neozelandeses, los glaciares Franz Josef y Fox,
En la orilla del lago Wanaka, una población del mismo nombre, se asoma a él.
Al suroeste, el fiordo Milford Sound, Piopiotahi en maorí, rodeado por grande moles graníticas y espectaculares saltos de agua. En la aproximación a este lugar, el río Tutoko, y unas rocas con peculiares erosiones.
En la orilla del lago Wakatipu, la ciudad de Queenstown, ofrece multitud de actividades acuáticas. Muy cerca de allí, Arrowtown, conserva parte de sus calles y comercios con la apariencia del S. XIX, cuando surgió una importante fiebre del oro, y se dio aquí un importante asentamiento chino.
En el Aoraki/Mount Cook National Park, con suerte y sobre todo buen tiempo, podremos ver la estampa del Mount Cook, techo de Nueva Zelanda con sus 3.764 metros. Si el tiempo no acompaña, en el centro de visitantes encontramos una interesante exposición sobre el alpinista y explorador neozelandés Edmund Hillary.
Elephant Rocks, grandes rocas en un prado, lo de la forma de elefantes no queda muy claro, pero si forman un llamativo conjunto.
En la costa este, Moeraki Boulders Beach, playa de cuya arena emergen unas enormes rocas esféricas. La leyenda cuenta que serían calabazas provenientes de la canoa en la que llegaron los primeros habitantes desde la polinesia.
En los terrenos adyacentes a Moeraki, prados salpicados por vacas, ovejas y junto al mar leones marinos. Y sin abandonar este lugar, Fleurs Place, restaurante de origen francés, que prepara con esmero la pesca local.
Muy cerca, la bahía de Duvauchelle.
Por último, la ciudad más grande de la isla sur, Christchurch, que aun reflejaba las cicatrices de los terremotos de 2011 y 2016. Y al mismo tiempo la necesidad de seguir adelante, de seguir caminando, con un centro comercial hecho a partir de contenedores pintados de llamativos colores o una catedral levantada con material reciclado, como vigas de cartón.