Aotearoa, Nueva Zelanda, isla norte.

Marzo de 2017

Se narra la primera llegada a estas islas, desde la polinesia, hace unos 1.000 años. Al llegar vieron una "gran nube blanca" y este fue el nombre que le dieron al lugar, Aotearoa. En 1642 llegaría hasta allí el navegante Abel Tasman, quien denominaría al lugar Nueva Zelanda, en referencia a la región holandesa llamada Zelanda (en neerlandés Zeêland, "tierra del mar").

La ciudad más grande de la isla norte, y entrada internacional por su aeropuerto, Auckland, es una urbe cosmopolita en estrecha vinculación al mar, y rodeada de conos volcánicos hoy cubiertos por un manto de hierba.

Hacia el sureste la península de Coromandel, con la Cathedral Cove y la Hot water beach, donde al cavar unos pequeños hoyos en la arena encontramos surgencias de agua caliente.

Algo más al sur, Rotorua, enclave en torno a un lago, con múltiples surgencias termales. Es también un importante centro cultural maorí.

Al oeste, en Waitomo, varias cuevas visitables, una de ellas con las paredes tímidamente iluminadas por miles de luciérnagas.

El Tongariro Alpine Crossing es una travesía lineal de montaña de algo menos de 20 kilómetros. Hay un servicio de autobuses que a primera hora de la mañana, realizan el traslado al punto de inicio. La ruta atraviesa esta zona volcánica, con llamativas formaciones geológicas.

Wellington, cerca del punto más austral de la isla norte, es la capital de Nueva Zelanda. Con una parte alta, a la que se puede acceder en un llamativo funicular, y su mayor parte abierta al mar. Desde aquí parte el ferry que comunica regularmente la isla norte con la sur.